Historia de los barcos y las velas

fragata de vela navegando

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Tipos de barcos y tipos de velas

Desde sus inicios, y debido a nuestro pasado genético marino, el ser humano siempre ha guardado esa conexión especial con el Mar. El agua es un elemento muy ligado a nuestro organismo, y por supuesto al mundo que nos rodea: sin agua no hay vida. Por este motivo, desde hace miles de años el ser humano se lanzó a surcar los mares, y se cree que el origen del concepto de barco, surgió en el antiguo Egipto hace ya más de 11000 años.

Solo dos cosas podían proporcionar propulsión al barco en aquél entonces: el remo o la vela. La vela forma parte del aparejo del barco, y su función es recibir la fuerza cinética del viento para transmitirla a los mástiles y generar una propulsión que permita al barco moverse. No se conocen muy bien los orígenes de las velas, pero algunos investigadores han conseguido pistas que indican que también surgieron en el antiguo Egipto.

 

Los barcos utilizados por los egipcios eran muy rudimentarios. Estas naves presentaban tan sólo un mástil central, con una verga y una vela rectangular fijas, por lo que la embarcación solo podía ser dirigida mediante remos en sus aletas.

Sin embargo, estas velas fijas tan rudimentarias no eran demasiado útiles en ciertas situaciones, ya que solo se podía navegar con ellas en dirección del viento. Los antiguos barcos de guerra llamados trirremes (típicos de Grecia y Persia), eran un claro ejemplo de este tipo de velas. Sin embargo los romanos mejoraron estos barcos añadiendo una vela pequeña delante (llamada vela cebadera), además de otra sobre la vela mayor (llamada gavia).

Reproducción de un antiguo trirreme

Entre los años 700 y 1000 apareció otro tipo de barco que solía ser utilizado por los sajones y escandinavos (los temidos vikingos), llamado drakkar. Estas embarcaciones eran largas y ligeras, bastante estrechas y sin ningún tipo de cubierta. Tan sólo llevaban un mástil en el centro del barco, con una vela grande y rectangular para propulsarlo. Sin embargo, lo curioso de estas velas es que estaban fabricadas con distintos materiales como la lana, que aportaban un gran rendimiento durante las largas travesías (siempre que hubiese viento, claro). Una prueba de su eficacia son todas las incursiones que protagonizaron estas naves y sus ocupantes en el Norte de Europa durante esta época.

Antiguo drakkar vikingo

Con el tiempo, las velas de los barcos sufrieron algunas modificaciones y aparecieron las velas triangulares, también conocidas como latinas, de cuchillo o áuricas. Estas velas permitían navegar en contra del viento con un ángulo menor a 90º. Algunos investigadores han datado la aparición de estas velas en el siglo III, aunque las pistas no son del todo claras. Se cree que estas velas pudieron ser de origen árabe o polinesio.

Foto de dos veleros usando velas latinas

A partir del siglo XIII comenzaron a aparecer nuevas embarcaciones en las que destacaba la incorporación de más de un mástil. La Coca, un tipo de embarcación medieval cuyo uso fue mayormente comercial, fue un claro ejemplo de esto. En sus orígenes solo utilizaba una vela cuadrada, pero en el siglo XVIII llegaba a incorporar hasta cuatro mástiles en su cubierta.

Réplica de Coca medieval (Cog Ship)

A finales de la Edad Media durante el siglo XV comenzó a hacerse cada vez más habitual el uso de embarcaciones de dos y tres mástiles. Al principio, estos palos solían situarse muy cercanos a la proa y popa, además de usar únicamente velas cuadradas. Con el tiempo, el tamaño de las velas fue cambiando y el número habitual de mástiles pasó a ser 3 en aquellas embarcaciones. Estos barcos también comenzaron a usar la vela latina, que fue muy popular en todo el Mediterráneo y Oriente Medio.

Otro navío que solía hacer uso de velas latinas fue la galera medieval, que contaba con dos mástiles y seguía conservando los remos. La vela triangular comenzó a evolucionar de mano de los holandeses, que empezaron a incorporarlas en sus embarcaciones y que facilitaban la navegación de sus naves por ríos, canales y en general zonas poco profundas. La vela latina, evolucionó a la vela tarquina o de abanico, que consistía en una vela rectangular, fijada al mástil por uno de sus lados y con un palo en posición diagonal para extenderla.

Ilustración de una antigua galera

En este punto, apareció un nuevo navío, considerado como el antepasado de los veleros: la carabela. Esta nave contaba con tres mástiles en su cubierta, y un castillo de proa más elevado. Esto aportaba más capacidad al barco para soportar viajes transoceánicos. Existieron dos tipos de carabelas; la carabela latina que solo llevaba velas latinas, y las carabelas redondas, que usaban una vela rectangular en su mástil de proa.

Foto de una réplica de una carabela

Comienzan a producirse muchos cambios en el estilo de los navíos y la disposición de sus velas durante este tiempo, y surge el famoso galeón, que está considerado como una evolución de la carraca. Durante el siglo XVI, se añadió una nueva vela a las embarcaciones sobre la gavia (llamada juanete), y a comienzos del siglo XVII, también se añade otra vela al bauprés (llamada sobrecebadera), que fue sustituida posteriormente por la vela conocida como foque. Durante este mismo siglo surgieron dos tipos de galeones: el español (que era de mayor tamaño), y el inglés. Ambos combinaban por aquel entonces el uso de velas cuadradas y triangulares.

Réplica de un galeón español

La evolución de estos barcos trajo consigo un importante número de cambios en las velas, tanto en el número como en el tamaño y la combinación de velas cuadradas y triangulares. A partir del siglo XVIII el aparejo de los barcos es más funcional para dirigir la embarcación y poder ceñir el viento adecuadamente. A finales del siglo XVIII comenzó a usarse una vela más sobre el juanete (el sobre juanete), además de añadir más mástiles, cuyo número en algunos barcos podía llegar hasta 7. La mayor parte de las fragatas y navíos en este entonces ya utilizaban velas rectangulares con velas triangulares en los palos de mesana y bauprés.

Uno de los veleros más eficientes y famosos del siglo XIX fue el Clipper, desarrollado en Escocia con fines comerciales en 1830. Este barco se movía más rápido y con menos gasto que su competidor: el barco de vapor. Sin embargo, con la inauguración del Canal de Suez en el Siglo XIX, las distancias de las rutas marítimas entre Occidente y Asia se hicieron más cortas, por lo que estos veleros quedaron considerados a partir de entonces como obsoletos. Otro de los veleros más famosos data de 1870, el que fue bautizado como Cutty Sark. Después de una época dorada para la vela, la aparición de la propulsión mecánica hizo que los costes se abaratasen, debido a que se necesitaban muchos menos aparejos, terminando así la época de vela.

Imagen del famoso barco Cutty Sark en el siglo XIX

Actualmente sin embargo, la navegación y la vela son dos sectores en alza que reciben más adeptos cada año. La expedición de títulos náuticos y el alquiler de embarcaciones, tanto motorizadas como de vela, aumentan sus números cada año. También nos gustaría hacer especial mención a asociaciones que fomentan la cultura náutica tradicional, como la AEBEC (Asociación Española de Barcos de Época y Clásicos), y asociaciones de fomentan un deporte tan gratificante como la vela, como la Federación Andaluza de Vela. La AEBEC considera como barco clásico todo aquel propulsado a vela o a motor, con materiales anteriores a 1980 y que se usen para el recreo y el deporte. Recientemente, esta asociación ha creado un Registro Nacional de Barcos de Época y Clásicos, para todos aquellos barcos con pabellón español que se puedan considerar clásicos (yates, vela latina, onerarias, barcos de museo y hasta pecios), con la intención de darlos a conocer y conservar el patrimonio naval.

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